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lunes, 13 de febrero de 2017

El hombre de los 20.000 vinilos

Manuel Martínez Henares con parte de su colección de discos. Foto Marciano Pérez
Pablo Rioja | León
Como quien deja de fumar de un día para otro. Así se quitó el ‘mono’ de escribir sobre música el leonés Manuel Martínez Henares, uno de los grandes pioneros en contarle a sus paisanos lo que ocurría al otro lado de las fronteras del viejo Reino. «Más que críticas, lo que yo hacía eran crónicas musicales», asegura desde su particular retiro en la capital, una especie de ‘museo’ vintage donde cohabita —sin que nada suene desafinado— con una colección que supera los 20.000 discos de vinilo. Todos originales. Todos ordenados alfabéticamente. Todos prestos a dejarse oír una vez más.
Su particular historia se remonta a los años 60 y principios de los 70, cuando León se movía al ritmo de Los Incógnitos, Los Cometas, King Boys o Los Arañas. «Siempre fui un tipo muy inquieto. Con 20 años comencé a viajar por media Europa. Iba a París, Londres, Noruega... Estudiaba veterinaria y comercio, pero de aquella me inventé que era periodista, que eso abría muchas puertas», recuerda. Apasionado del pop y del rock, Henares se convirtió en un habitual de los conciertos. «Compraba muchos discos originales y los intercambiaba con otras personas».
La mera afición se convertiría en algo profesional en el año 68, cuando le llega su primera oportunidad para dirigir un programa de radio. «Fuerza Musical lo llamamos. Se emitía todos los domingos durante una hora en La Voz de León, que pertenecía a la Red de Emisoras del Movimiento». De pronto las ondas locales comenzaron a presumir de nuevos grupos de los que nunca antes se había oído hablar y, quienes triunfaban en medio mundo, hasta parecían colegas de toda la vida. A la par, el cada vez más experto en música comienza a escribir en el diario Proa —lo que después sería La Hora Leonesa—. El éxito fue tal, que pronto le propusieron trasladar el formato a la discoteca Aston para hacerlo en directo. «La fama se extendió por toda la ciudad y solía venir mucha gente a verlo».
Su repertorio de vinilos comienza a crecer considerablemente en los 70, cuando las discográficas se fijan en su ‘descarada’ forma de hacer sonar a Los Beatles, los Rolling, Elvis o Adamo. «Antes de que las influencias inglesas y americanas lo inundaran todo, también me empapé de las grandes estrellas francesas e italianas». Aquella ‘orgía’ de futuros clásicos desencadenó una vorágine creativa y viajera en el cada vez más popular Henares, que ya se codeaba con grandes maestros de las ondas como Joaquín Luqui. «Pasé a ser parte del jurado Long Play de Oro, un certamen que premiaba a los mejores grupos del momento». Durante mucho tiempo, el crítico leonés fue el único experto que representaba a los medios de comunicación provinciales. «Tuve la suerte de entregarle galardones a grandes de la escena española como Víctor Manuel o Los Hombres G». Festivales como el Musical Mallorca, el de Benidorm, Almería, Alcobendas o Guardo también incluyen a Manuel como parte esencial de sus jurados. De ahí se le abren otras puertas como corresponsal de varias revistas musicales.
Mientras hace memoria de sus memorias, me fijo en su semblante y percibo un Henares sonriente y nostálgico que, como Loquillo, parece tararear en su interior eso de Cuando fuimos los mejores. De pronto deja en pause el relato para ‘pinchar’ unos temas en su tocadiscos. Rebuscando entre los estantes —repletos de joyas redondas con brillo color negro— se saca de la manga varios singles originales del rey del rock y a los Specials, «uno de los mejores grupos ska de todos los tiempos». El salón se convierte por unos minutos en improvisada cabina de radio. No puede negarlo; está en su salsa. Su forma de vivirlo contagia a cualquiera.
De vuelta a la salita donde hace casi dos horas me senté a charlar con un melómano empedernido, me suelta una de esas frases lapidarias que dichas por un cualquiera no llegarían a nivel de barra de bar pero que, cuando las dice un tipo así, casi hasta que te las tatúas en la frente para chulear luego con los colegas. «La música perdió nivel desde que aparecieron los cedés. Con los discos no había engaño, si eras bueno se sabía. Ahora cualquiera puede dedicarse a la música, lo de menos es cómo cantas, ya no necesitas ni el apoyo de una gran firma».
El avezado crítico o como él dice ‘cronista’ —no se me vaya a enfadar— va más allá en su apreciación. «Creo que ahora en España no hay grupos buenos. Alucino con algunos chavales que van de estrellas y no tienen carisma. No veo nada que me llame la atención». Eso sí, reconoce que León sigue siendo un referente musical en España. Le pregunto por sus referentes locales y le vienen nombres como Los Cardiacos y Los Flechazos —«sin duda dos de los grandes»—. No ve con malos ojos el Purple Weekend actual, aunque si le dan a elegir prefiere el de los orígenes. «Ahora hay mucha mezcla de estilos, me llama menos».
Uno de los capítulos de su vida que guarda con especial cariño fue su paso por el Diario de León. «Estando Paco Carrión de director llegué a hacer hasta cuatro páginas a la semana». En ellas había hueco para la música y también para la noche. «León era la ciudad de España con más bares y cabarets. De hecho el primer desnudo integral que hubo en el país fue en esta ciudad, en el Siroco». Su Fin de semana se convirtió en una de las secciones más esperadas por los lectores. «Había destape sí, pero con elegancia», remata cual maestro taurino que entra a matar.
Luego, en los 90, sin más, ‘colgó las botas’ para dedicarse en cuerpo y alma a su ferretería de la calle Independencia. Pero esa es ya otra historia.

lunes, 6 de febrero de 2017

Yo también tuve un grupo de rock (VI)

DESCUBRIENDO A CÓDIGO 84 | Un nuevo renacer

Parte de una imagen del grupo diseñada por Raquel Villahoz.

Pablo Rioja | León

De alguna u otra manera Adolfo Robles había aparecido en nuestras vidas en el momento oportuno. Él y solo él entendía lo que era Código 84 por dentro, lo que suponía un sueño así. He de reconocer que sin su aportación jamás me hubiera vuelto a subir a un escenario. Aunque no lo admitíamos, Gabriel y yo andábamos huérfanos sin Juan.

Adolfo se sumó a nuestra particular historia poco después de aquella reparadora conversación entre el gordo Press y un servidor. El grupo seguía, ¿pero cómo? De aquella Adolfo era una especie de fan de código 84. Conocía nuestras letras y músicas casi mejor que nosotros mismos. Su hermana Marta fue el nexo de unión. Él ya hacía sus pinitos con grupo propio en el instituto y enseguida supimos que si había un nuevo Juan, él era el indicado.

Recuerdo aquella nueva etapa como un renacer. Yo tenía preparadas una docena de canciones nuevas y el recién llegado aportó uno de los grandes temas de este Código 84 versión 2.0; Oye niña (enlace a la versión que Adolfo grabó más adelante con su grupo Eledeme). La conexión fue buena desde el principio. Además, sus conocimientos de música ayudaron a darle otro toque más profesional al grupo.

Quedábamos bastante para ensayar, todo olía a la frescura de antaño. Y es en esta parte de la historia donde Código 84 se hizo mayor de repente. Quizá demasiado deprisa. Entrevistas en la radio, en televisiones locales... me hacía gracia ver mi futura profesión de periodista desde las dos vertientes. Volvieron los conciertos, las fans entregadas, las tonterías que sólo unos locos podían imaginar.

Ser dos guitarras y unas percusiones se empezaba a quedar pequeño. Sí, es innegable que la cosa fluía pero nadie se convierte en un grupo de verdad hasta que no cuenta con batería y bajista. O al menos así lo veíamos por aquel entonces. Fue cuando Dani y Fran se sumaron al cada vez más profesional Código 84. Y es curioso, porque cuanto mejor sonaba todo más lejos me sentía de mi sueño. Llegaron los problemas, las diferentes visiones sobre el futuro del grupo. Nada grave, pero entendí que todo aquello estaba tocando a su fin.

Continuará...

pABLO rIOJA (1/2/2017)

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lunes, 25 de enero de 2016

Yo también tuve un grupo de rock (V)

DESCUBRIENDO A CÓDIGO 84 | Una decisión definitiva

Antes de comenzar el primer concierto en León. Un servidor, Gabriel y Juan
Pablo Rioja | León

Aquel verano fue amargo. Octubre me atropelló pronto y de nuevo un curso más en Valladolid. Mi tercer año de periodismo. Volver al piso de estudiante me costó y mucho, sobre todo al encerrarme en mi habitación, donde tantas veces habíamos jugado a ser un grupo de rock. Ya no habría más canciones, ni ensayos, ni música hasta altas horas de la madrugada. Ni siquiera me atrevía a pegarle un toque al Gordo Press. Tarde o temprano nos tendríamos que ver sí, pero yo sólo quería poner tierra de por medio.

Una tarde, cuando ya había asimilado que Código 84 era historia, Juan me telefoneó. Quería pasarse por mi casa y charlar. Increíblemente vino para decirme que se había pensado mejor las cosas tras el verano y, aunque de una manera más tranquila, quería retomar el grupo. Lo tomaríamos con más calma, sin el ansia de grabar nuevo cedé, ni de conciertos, simplemente que fuese fluyendo. He de reconocer que las cosas habían ido demasiado deprisa, sin tiempo para casi nada. Aquello me devolvió la vida.

Vida que por cierto se fue a la mierda sólo unas semanas después. Me cuesta recordar este pasaje de la historia porque abre alguna herida, pero si no lo hiciera estaría mintiéndome. Juan vino a verme una mañana, estaba raro. Sin dar ninguna explicación me soltó que ya no quería seguir. ¿En menos de un mes y sin pasar nada extraño? No entendía nada. Discutí con él, nuestra relación de casi hermanos se iba por el retrete en apenas segundos. ¿A qué coño respondía aquella traición?

Está claro que su razón debía ser de peso, pero no supe verla. Sólo los años y mi mujer me abrieron los ojos. Hoy sé por qué Juan se marchó aquella mañana de mi casa perdiendo una amistad y traicionando su palabra. Supongo que yo hubiera hecho lo mismo.

Dejé pasar las semanas, el invierno era mucho más frío sin mis amigos. Jamás hablé esto con Gabriel, él no tenía culpa de nada, pero si lo hablaba volverían los viejos fantasmas. De hecho fue él quien cogió el toro por los cuernos. Una tarde se plantó en casa y me soltó lo que pensaba. Tenía razón en absolutamente todo. Le había dejado al margen de mis decisiones y él también era Código 84. Después de aquella reparadora charla decidimos que el grupo aún tenía vida. No sabíamos cómo, pero seguiríamos adelante con nuestro pequeño sueño.

Continuará...

pABLO rIOJA 30/11/2015

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lunes, 18 de enero de 2016

Yo también tuve un grupo de rock (IV)

DESCUBRIENDO A CÓDIGO 84 | Asesinan a nuestro 'representante'

Cartel del primer concierto, cuando aún éramos Dirección prohibida

Pablo Rioja | León

El concierto en Pedrajas a punto estuvo de convertirse en nuestro primer gran fracaso, y todo por un dichoso cable. El dueño de la discoteca que nos contrató, un compañero de clase, había alquilado todo el equipo de sonido a una famosa tienda de música situada en la plaza Circular de Valladolid. Nosotros teníamos que recogerlo y montarlo antes de actuar, pero cuando el Gordo Press fue a encenderlo para la prueba de sonido descubrimos que faltaba el conector que daba vida a todo el sistema. 

Al final salvamos la noche, pero fue la primera vez que sentí desconfianza hacia el cazatalentos, que ahora nos seguía por todos los escenarios. Su séquito, un par de cincuentones amantes del alcohol, las lolitas y otras drogas, no prometían glamour, más bien un submundo peligroso al cual no estaba dispuesto a descender. Ni yo, ni mucho menos Juan, al que nunca le agradó tanta promesa.
La última conversación telefónica con nuestro particular mecenas, al que apodamos como 'cazafantasmas', nos citaba en el Café Teatro para concretar el viaje a Madrid en apenas unas semanas. Allí lo prometido sería deuda, Código 84 grabaría su primer disco como Dios manda en un estudio de los de verdad, con cabina insonorizada incluida. Sí, quizá pecábamos de ilusos, pero el tío en cuestión no era un don nadie en este mundillo. Ya en los años 80  fue representante de varios grupos de rock, entre ellos el de nuestro colega Juanqui, así que, ¿por qué dudar?
Sí, éramos unos pardillos. La mañana antes de quedar con el 'cazafantasmas' nos juntamos los tres al salir de clase, bueno en el caso del Gabriel y el mío al salir del mus. Había que dejar claros nuestros propósitos antes de aventurarnos definitivamente. Como siempre, llamamos al tipo desde el móvil de Juan, pero al contrario que en otras ocasiones, esta vez daba apagado. Así hasta unas quince veces sin éxito.
Enseguida entendimos que no habría cita en el Café Teatro, ni conciertos por Valladolid cobrando dinerito fresco, ni mucho menos viaje a Madrid. Todo el castillo de naipes se desmoronaba entre la decepción por tanta promesa incumplida y un cierto respiro por librarnos del susodicho. Recuerdo que sin más, aceptamos que nos había tomado el pelo y pasamos página. 
Sólo unos días después, Juan me telefoneó a media mañana, al fin teníamos noticias del 'cazatalentos', aunque no las que imaginábamos. Hacía sólo unas horas que acababan de asesinarle a puñaladas en el cuello. Un 'ajuste de cuentas' aclararían más tarde los medios de comunicación. Al parecer le habían encontrado muerto en una cuneta. Salieron a la luz temas de drogas, deudas en sus locales de restauración y un sinfín de delitos que guardaba en la guantera.

Nos costó asimilar la noticia, estuvimos a unas horas de comprometernos con él, pero aunque intuíamos cosas raras, jamás se nos ocurrió indagar en su pasado. Alguien o algo, llámalo destino, ser superior o simple fortuna, no quiso que nuestra historia siguiese ligada a él.

A Juan le marcó especialmente este hecho, y más aún cuando la policía se puso en contacto con él para llamarle a declarar. ¿Que por qué a él? Bueno, digamos que encontraron unas cuantas llamadas con su número en el móvil del 'cazafantasmas'.

19 primaveras, recién aterrizado en España después de 11 años en Japón, con una fama que no se esperaba y atropellado sin previo aviso por la música. Creo sinceramente que todo aquello, en especial mi insistencia por dar un salto al vacío sin red, superó por completo a Juan, que amaba el grupo, tocar con nosotros, pero cuyo sueño no era el mío por más que yo tratase de disimularlo.

Aunque la policía sólo le citó a él, tanto el Gordo Press como yo le acompañamos sin dudar e insistimos en entrar también a declarar. Primero hablaron a solas con Juan y más tarde entramos todos, incluido José Carlos, su padre. Tras relatar nuestra efímera relación con el fallecido, nos fuimos sin más. No volvieron a llamarnos.

Antes de terminar el curso, a mediados del mes de junio, Juan vino a verme a casa. No quería seguir, dejaba el grupo. Echando la vista atrás, recuerdo perfectamente la sensación de tristeza que experimenté, apenas comenzaba a tocar con los dedos mi sueño y en un abrir y cerrar de ojos se iba a la mierda. Me enfadé mucho, seguramente fui injusto con Juan, no soportaba escuchar aquello, sobre todo porque hacía semanas que lo intuía. Era mi socio, nos entendíamos con un simple gesto, nuestras voces casaban, la sociedad entre los tres era perfecta, pero si una de las patas se caía, nada tenía sentido.

No miento si digo que todavía hoy me cuesta recordar aquel episodio. Código 84 estaba en su mejor momento, menos dinero, lo teníamos todo. Canciones listas para grabar una segunda maqueta tras el verano, fans, fama y una historia por delante.

Pero la realidad era que Código 84 echaba el cierre.


pABLO rIOJA (5/2/2014)

lunes, 31 de agosto de 2015

Mosqueteros

Pep, Juan Macuto, Malver, Cat, Ray y Masilla en los Kars

Pablo Rioja | León

Nunca fuimos Los Goonies, aunque hemos vivido unas cuantas aventuras juntos. La última hace sólo un par de semanas en los kars, donde hasta Ray aprendió que la derrota se vende muy cara. Malver volvió a encontrar dificultades, Pep las mató callando y Cat, bueno, digamos que Cat aceleró como cuando metía la directa por la banda izquierda en las pachangas dominicales.

Tampoco fuimos la pandilla perfecta. Hubo sabores a tierna infancia, sombras que corrieron demasiado, traiciones en el callejón y algunos episodios censurados. Pero la serie, 31 años después, continúa funcionando. Y eso es lo que importa. El 84 se empeñó en unirnos y, como buenos arrieros, terminamos por encontrarnos en el Camino.

Ray siempre fue el mayor, quizá creció más rápido de lo esperado. Su mayor hazaña, sin duda, fue abrirle la cabeza a un coreano en nuestra particular vendetta del 2002. Luego por cierto, en la final ante Holanda del 2006, vencimos 1-0 a los pupilos de Hans. Un adelanto de lo que habría de llegar cuatro años después.

Cat apareció una tarde de la nada. De repente Ray tenía un primo lejano que se convirtió en cercano. Su gran mérito fue convertir en audible una grabación de loquendo. Quemó tres ordenadores pero lo logró cuando ni él daba un duro. Parecía Nacho Cano a los teclados. 

Pep ha estado ahí desde siempre menos un mes y tres días. Fuimos juntos a la guardería, al colegio, a Jaito... Compañeros de fatigas, el verano/otoño/invierno del 97 arrasamos juntos The House of the dead. Su mejor acción fue el regalito de nocilla que le dejó a los del Bosco en las sábanas. 

Malver, también conocido como Tuputamalver, llegó el último, pero encajó pronto. De repente Ray tenía un novio oficial de su hermana que se acabó convirtiendo en cuñado. Su mayor acción fue la de aguantar año y medio de prueba hasta que su hoy mujer le aceptó como pareja. 

Por cierto, en esta última aventura también nos acompañó Juan Macuto Soto, otro de los nuestros.

No somos ni más ni menos especiales que otras pandillas, sólo el tiempo se encargó de hacer el resto. Hubo más secundarios de lujo, pero simplemente dejaron de estar. Como decía mi admirado Nicolás Miñambres el primer día de curso; "Apresúrense, que en dos días tendremos el turrón en la mesa y en una semana los exámenes del mes de junio". ¡Qué verdad! Ayer celebrábamos la comunión Ray, Pep y un servidor; hace unas horas nos fuimos casando (primero Ray, luego Malver, más tarde Cat, Pep y yo) y mañana, Dios mediante, nos veremos las caras en el día de las alabanzas.    

Y después, bueno... espero que después nos juntemos a echar una pocha, unos kars y si la cosa va bien un partidito de fútbol sala al anochecer. Por no perder las buenas costumbres vamos. 
PD: Por cierto, nos hacemos llamar Los Mosqueteros.   

pABLO rIOJA (26-8-2015)

lunes, 9 de junio de 2014

Yo también tuve un grupo de rock (III)

DESCUBRIENDO A CÓDIGO 84 | Nuestra primera maqueta


Pablo Rioja | León

Eran las cuatro de la mañana y a mi musa no se le ocurrió otra cosa que regalarme un momento de inspiración. Los días transcurrían entre mis clases de periodismo, partidas de mus en la Facultad de Medicina y ensayos contrarreloj para el primer concierto de Dirección Prohibida. Todo a mi alrededor iba sobre ruedas, vivía la construcción de mi sueño despierto, pero cuando deseaba soñar dormido las ideas se metían en la cabeza sin previo aviso.

Así que sopesando los pros y las contras encendía el flexo, me sentaba en aquella mesa de dibujante y, folio en mano, simplemente me dejaba llevar. En poco más de 10 minutos era capaz de cocinar sentimientos contrapuestos que luego se convertían en canciones. Era una sensación placentera, como si alguien escribiese por mí, llegué a creerme un elegido, pero cuando traté de abusar de mi musa se hartó sin más, dándome a entender que aquí los pantalones los llevaba ella.

Cuando juntamos una media docena de temas decentes se nos ocurrió grabar una maqueta casera con el fin de recordarlos bien, en especial los arreglos. Para ello viajaríamos a León, a casa de mi primo Eduardo, que con paciencia infinita improvisó una especie de estudio de grabación. En poco más de día y medio, entre los cuatro gestamos un cedé cargado de errores pero que sin saberlo se iba a convertir en nuestro pequeño trampolín a la fama. No una fama de masas, pero lo suficientemente importante como para firmar autógrafos, llenar salas de conciertos y ser conocidos en varias ciudades del país.

Sin pretenderlo en principio, el cedé fue pasando de mano en mano entre nuestros amigos. Gustaba, para qué negarlo. Sastre tenía un don para las segundas voces, Gabriel aportaba arreglos y melodías. Recuerdo que cada vez que les enseñaba una canción nueva esperaba impaciente su rostro de afirmación, si no lo obtenía el tema se quedaría en la nevera.

Soportarme no resultaba tarea fácil. En muchas ocasiones me convertía en un soberbio capataz que sólo sabía imponer sus criterios, sin entender que Dirección Prohibida éramos los tres.

Nuestro primer concierto estaba ya a la vuelta de la esquina, había llegado el momento. Echando la vista atrás, he de reconocer que más que los conciertos, el reconocimiento y el contemplar cómo un coro ingente de chicas se sabían las canciones de memoria, los mejores momentos del grupo los experimenté durante aquellos interminables ensayos. Cuánto los echo de menos... Allí no éramos Dirección Prohibida o Código 84, allí sólo estaban tres amigos gozando con la música, nada más.

Al concierto del Café Teatro le siguió otro aún más exitoso en León. El cazatalentos seguía nuestros pasos, lo cierto es que no tenía muy buena pinta, nos hablaba constantemente de actuaciones con mucho dinero de por medio que jamás llegaron y un viaje a Madrid para consagrarnos que a la postre se convirtió en el principio del fin.

Navegando por la red, Juan descubrió que ya existía un grupo andaluz que se hacía llamar Dirección Prohibida, así que necesitábamos otro nombre. Su padre, José Carlos, una de las personas que más creyó en nuestro talento, descubrió que gran parte de las canciones del grupo tenían mensajes ocultos que pocos conocían. De aquella, un tal Dan Brown abría los informativos de medio mundo con una reveladora novela que prometía tirar abajo los cimientos de la Iglesia Católica.

Los códigos estaban de moda y curiosamente los tres, nacidos en 1984, cumplíamos años en apenas 7 días de diferencia. Una tarde, sin más, dijimos adiós a Dirección Prohibida y hola a Código 84. 


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pABLO rIOJA (28-1-2014)

lunes, 7 de abril de 2014

Yo también tuve un grupo de rock (II)

DESCUBRIENDO A CÓDIGO 84 | Dirección Prohibida
Actuación en mi casa de León para algunos amigos, antes de ser Dirección Prohibida
Pablo Rioja | León

Está claro que la vida es experta en conectar historias, buscar un nexo de unión y dejarte en bandeja la posibilidad de extraerle el jugo a gran parte de tus sueños. Y como bien me dijo un casi familiar lejano en cierta ocasión, la vida de cada ser humano es un autobús al que van subiendo y del que se van bajando personas, unas viajan siempre contigo, otras se apean a mitad de trayecto, hay quienes incluso regresan, pero todas te marcan de alguna manera.

Juan Sastre se subió a mi autobús aquel caluroso verano en el Lago de Sanabria, con 16 o 17 tacos.
Por aquel entonces ya había compuesto alguna que otra canción, digamos que la clase de música del instituto despertó la curiosidad por expresar lo que rondaba en mi cabeza. Recuerdo que de pronto me ponía a escribir letras enteras encima del pupitre o en los márgenes de los libros. Mi desorden particular y las limpiadoras del instituto, que dejaban las mesas impolutas, hicieron que todas se perdieran. De hecho mi primera canción registrada fue "No queda nada entre tú y yo", plasmada en un pequeño sobre color carne en julio del 2000.

Pero volvamos al Lago de Sanabria. Mis por aquel entonces amigos de León, Zamora y Valladolid solíamos juntarnos cada verano para disfrutar de 4 días en el Camping Folgoso. No había drogas, quizá alguna borrachera que otra, pero poca cosa. Sastre acababa de regresar de Japón, donde había vivido la mayor parte de su existencia. Conectamos desde el principio, he de reconocer que me impactó su forma de tocar la guitarra y cantar. Un guaperas calcadito a Miguel Ángel Muñoz, por aquel entonces ídolo de masas gracias a la seria Upa Dance de Antena 3, que ligaba con las tías cantándoles temas de Maná al estilo japonés.

No soy consciente de cómo, pero escuché su ofrecimiento a alguien del grupo de amigos para ponerle música a letras. ¡Coño, justo lo que necesitaba! Yo era decente componiendo, pero las melodías me sonaban a repetido. Sin más, le ofrecí la posibilidad de ponerle música a una letra nueva que acaba de escribir, se llamaba "Siempre quise". Aceptó, y aunque vivíamos en ciudades diferentes, pronto tuve noticias suyas y una grabación en mp3. Fue nuestra primera colaboración. Aún desconocíamos que un par de años más tarde terminaría estudiando Periodismo en Valladolid, donde las colaboraciones se convirtieron en la excusa perfecta para juntarnos a tocar la guitarra.

Tocábamos casi a diario en mi piso de estudiante, en su casa, en la de nuestro amigo Fran León, daba igual. No sé en su mente, pero en la mía estaba claro cuál era el principal sueño a corto plazo, formar mi propia banda. Lo solíamos hablar medio en broma, medio en serio, pero nadie se atrevía dar el primer paso. ¿Cómo coño se forma un grupo de música?

También en Valladolid estudiaba medicina Gabriel Siquier, al que todos conocían como Palito, el 'masca' del grupo de amigos. Era un chuleras de Plasencia con mucha vida recorrida. Reconozco que al principio no me cayó bien del todo, ambos íbamos de gallitos, pero el hijo puta se las metía en el bolsillo con su acento mitad andaluz, mitad extremeño. Pronto pasamos de ser dos colgados por la música a un trío que encandilaba al personal con un par de guitarras y unos bongos.

De nuestros encuentros fueron surgiendo un puñado de canciones. Yo escribía, Sastre hacía los arreglos y Gabriel, bueno, digamos que Gabriel daba la tabarra con las percusiones, sus punteos y unas melodías cuanto menos estrambóticas. Pero el cóctel, una vez agitado, funcionaba.

Y esta parte de la historia termina con una especie de concierto que dimos en casa de los León para 4 personas, de hecho en aquella ocasión nos acompañaría Fran a los teclados. Nunca olvidaré cómo al terminar la improvisada actuación su padre, Paco León, nos miró fijamente y sentenció: "Voy a hablarle de vosotros a un amigo mío que es productor para que escuche lo que hacéis y quizá os grabe una maqueta".
¿Una maqueta? Pero si ni siquiera éramos un grupo.

Paco cumplió su palabra. Tiempo después, Sastre y un servidor nos plantamos en el estudio de aquel tipo, creo que era profesor de música o algo así. Ilusos de nosotros, estábamos convencidos de que saldríamos de allí con un contrato musical firmado. Pero lo que realmente recibimos fue una sentencia firme del experto; "Estáis muy verdes", nos espetó.

Sin duda fue un acto de sinceridad en toda regla, lo que nosotros veíamos como la quinta sinfonía para él no era más que tontería juvenil. Pero a pesar del chasco, aquel hombre nos dio el empujoncito que realmente necesitábamos. "No os grabaré ninguna maqueta, pero os animo a que empecéis a tocar en bares para coger tablas", sentenció.

Y dicho y hecho. A la mañana siguiente nos plantamos en el Café Teatro, un famoso bareto de Valladolid donde cualquiera podía sentirse músico por una noche. Cojimos fecha dos meses más tarde, entre otras cosas porque había que preparar un repertorio en condiciones.

Lo mejor de todo fue cuando el tío preguntó cuál era el nombre del grupo para apuntarlo en la agenda. Sastre y yo nos miramos con cara de idiotas durante los dos segundos más largos de la historia y sin más dije: "Dirección Prohibida", un grupo al que había pertenecido en León pero que jamás salió del garaje de Luis Fran.

De la noche a la mañana habíamos pasado de ser tres amiguetes locos por la música a un grupo de pop/rock.


(Continuará...)

pABLO rIOJA (27-1-2014)

martes, 25 de marzo de 2014

El Ángel de la guarda, una figura olvidada

Fuente de la imagen: www.artelista.com

Pablo Rioja | León

Dicen que están ahí incluso antes de nuestro nacimiento, protegiéndonos, supervisando cada uno de nuestros pasos, invisibles al ojo humano, pero no al alma. Caminan agazapados, conocen las angustias que nos acechan, interceden por nosotros ante Dios, pero ¿y nosotros? ¿Les tenemos presentes?

Quien más y quien menos ha oído hablar de ellos a sus abuelos y padres cuando era niño, incluso la mayoría habrá pedido su custodia antes de caer en los sueños... "Ángel de la guarda, dulce compañía..." ¿Os suena verdad? ¿Por qué entonces les hemos ido apartando poco a poco de nuestras vidas?

Según el padre Ghislain Roy, sacerdote canadiense al que el señor le ha concedido el don de la liberación y la sanación, la principal función de los santos ángeles es la alabanza a Dios, aunque también les ha encomendado la terrible batalla contra Satanás y los malos espíritus. Una guerra silenciosa pero real, que se libra desde tiempos inmemoriales y cuyas consecuencias nos afectan directamente.  "Los ángeles protectores permanecen siempre a nuestro lado en la lucha, dándonos fuerza y valor, curando nuestras heridas y defendiéndonos del Maligno", puntualiza Ghislain en una de sus principales obras; Para liberarse y sanar. Consejos y oraciones de liberación y sanación.

Como casi todo lo relacionado con la Religión, es imposible trascender este tipo de cosas tan sólo mediante la razón. La fe se antoja imprescindible para comprender al menos un 1% de lo que acontece en ese mundo espiritual que, aunque negado por muchos y olvidado por otros, nos rodea.

Reproduzco ahora parte de una oración que el padre Ghislain recomienda rezarle a nuestro Ángel de la guarda. Resume perfectamente los favores que este inseparable compañero puede concedernos si se le pide con fe. Incluso me atrevo a decir que gran parte de ellos nos los otorga sin pedirlos, por propia misericordia de Dios.

Ángel santo, tú eres mi guardián, mi tutor y mi maestro, mi guía y mi defensa, mi sabio consejero y fiel amigo.[...] ¡Qué respeto te debo, tú que estás siempre a mi lado allí donde vaya! [...]

Santo ángel, enséñame, corrígeme, guíame por el camino recto de la ciudad santa de Dios. [...] Presenta mis deseos al Señor, ofrécele mis oraciones, muéstrale mis miserias y hazme saber cómo alcanzar la sanación. [...]

Vigila cuando estoy descansando, sostenme cuando estoy cansado, sujétame cuando voy a caer, levántame cuando he caído, indícame el camino cuando estoy perdido, devuélveme el valor cuando estoy extraviado, ilumíname cuando no veo, defiéndeme cuando soy atacado. Y, especialmente en el último día de mi vida, sé mi escudo contra el demonio. [...]

Personalmente he tenido varias experiencias en las que sé que mi Ángel de la guarda ha intercedido por mí. Recuerdo una en especial. Venía de andar en bici con unos amigos, tendría 16 o 17 años. Avanzábamos con rapidez por el arcén de una carretera. En una pendiente que conducía a un paso subterráneo me puse nervioso ante la cantidad de tráfico que circulaba alrededor. Choqué mi rueda delantera con la de uno de mis amigos y caí de espaldas en una cuneta.

Imprudente de mí, no llevaba casco, ni alguna otra protección. Sólo recuerdo la cara aterrada de mis amigos al socorrerme pensando que había muerto. Debí desplazarme unos cuantos metros por el asfalto, pero mi cabeza no llegó a tocar el suelo. Explicar lo que sentí mientras rodaba sería imposible, pero sé que algo o alguien actuó como escudo entre la carretera y mis huesos.

Apenas tuve unos rasguños y prometo que el golpe fue grave. Lo curioso es que al instante de emprender la marcha supe que me había salvado mi Ángel de la guarda. No me preguntes cómo, pero lo supe. Desde entonces lo tengo presente casi a diario. Probad a pedirle con fe que os busque un sitio para aparcar cuando haya prisa.

pABLO rIOJA (25-3-2014)

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Los milagros del Padre Ghislan Roy

domingo, 2 de marzo de 2014

Yo también tuve un grupo de rock (I)

DESCUBRIENDO A CÓDIGO 84 | El primer concierto
Juan, yo y Gabriel en nuestro primer concierto en el Café Teatro

Pablo Rioja | León

Había llegado el momento. Los frenéticos meses de pruebas en mi zulo de estudiante, recalificado como local de ensayo, gestaron el sueño de cualquier adolescente atrapado por la música. Teníamos nombre, unas cuantas letras de amores imposibles y la sensación de que poder comerse el mundo estaba ahora más cerca que nunca, a sólo unas cuantas manzanas de la calle de Las Comunidades. Todo un presagio.

La estampa desde aquel diminuto escenario no podía ser más esperanzadora. No estaba claro si aquello sonaría a 'sarao' dominguero en casa de los León o al refrescante Pop de autor con el cual nos bautizaron en los medios de comunicación. Pero algo era cierto, el Café Teatro iba a convertirse en nuestro Cavern Club particular. Los Beatles cobraron 5 libras esterlinas en su primera actuación, nosotros 2 euros.

Entre amigos, amigos de amigos y los infalibles familiares conseguimos llenar el garito, pero tanto para Sastre, como para el gordo Press e incluso para mí, suponía todo un examen oral, una reválida que nos convencería de seguir jugando a ser un grupo de música o a colgar las botas incluso antes de saltar al terreno de juego.

Quizá suene prepotente, pero once años y pico después me atrevo a decir que la noche fue redonda, triunfamos, incluso la película americana rozó el guión de Oscar cuando un representante de grupos nos ofreció el moro, que no el oro, nada más bajarnos del escenario. Tocaríamos en varias salas de Valladolid y pronto, nos dijo, iríamos a Madrid a grabar un disco. 

19 años, un primer concierto más que aceptable -incluso para las percusiones de Gabriel- el subidón de adrenalida que sólo quien ha recibido aplausos conoce y la sombra de un cazatalentos dispuesto a pulir los diamantes en bruto. ¿Alguien da más? Por supuesto nuestros padres se encargaron de disipar la tormenta y bajarnos de la nube, pero qué coño importaba su opinión, éramos buenos joder, y mayorcitos para discernir. Queríamos más, no tengo claro hasta dónde, pero mis letras, los arreglos de Palito y Sastre a la Guitarra pusieron en marcha un engranaje perfecto, mágico. 

No, aún no éramos Código 84, sólo Dirección Prohibida y sí, tomar aquella dirección nos regaló los momentos de mayor gloria pero también insabores que desearía no haber probado jamás.

(Continuará...)

pABLO rIOJA (27-1-2014)

lunes, 22 de abril de 2013

Mi primera experiencia con 'El Exorcista', el desenlace

¿POR QUÉ MI INTERÉS POR EL DEMONIO? | CARA A CARA CON 3 ENDEMONIADOS

Imagen: blogodisea.com
Pablo Rioja | León

Concluyo esta trilogía sobre mi experiencia personal con la película 'El Exorcista' relatando de qué manera ha influenciado en mi interés por el demonio, los exorcistas y todo lo relacionado con los Novísimos (muerte,  juicio, purgatorio, cielo e infierno).

El lector habitual de este blog habrá comprobado que he escrito varios 'posts' relacionados con estos temas, todos ellos con la única intención de arrojar luz sobre cuestiones complejas y desconocidas por una gran parte de los ciudadanos. Como bien dice María Vallejo Nájera en su último libro 'Cielo e Infierno, verdades de Dios', la Iglesia Católica atesora miles de artículos relaciones con los Novísimos, y lo mejor de todo es que están al alcance de cualquier persona que los quiera comprobar. Basta con echarle un vistazo a su Catecismo.

A mis 16 años, supongo que influido por lo visto en mi padre y mi hermano desde niño, me inicié en el placentero vicio de escuchar la radio. La cosa empezó con un transistor viejo echado a perder por mi ordenada madre en algún estante de la casa que pronto se convertiría en mi inseparable compañero de cama cada noche. Los deportes copaban toda mi atención hasta que un fin de semana, el escaso sueño me llevó a explorar las ondas más allá de la 1.30 de la mañana. Así fue como descubrí el misterio merced a mi admirada 'Rosa de los Vientos' de Juan Antonio Cebrián. Allí se trataban todo tipo de temas con intensas dosis de respeto, información y opinión. Pronto lo combinaría con Milenio 3 de Iker Jiménez.

En principio me apasionaba pasar miedo, todo me recordaba a ese primer contacto con 'El Exorcista' cuando era niño y el morbo de intuir de qué iba el tema pero sin tener la más remota idea. Mi educación católica también ayudó a asimilar ciertos conceptos desde bien pronto, nunca con miedo, sí con respeto. Pero fue hace relativamente pocos años cuando comencé a entender y a profundizar en la figura del demonio.

Fuente de la imagen: virgenmedjugorje.blogspot.com
Dicen que los libros van cayendo en tus manos justo cuando estás preparado para comprenderlos. A mí el de 'Habla un exorcista' del padre Amorth me llegó después de pedirle a un conocido que me facilitase un ejemplar no novelado con el que pasar verdadero terror. Reconozco que me impresionó desde la primera línea y sí, pasé algo de miedo por lo serio del tema, pero sobre todo me conciencié sobre quién era el verdadero enemigo del hombre. Le siguieron 'Summa Daemoniaca' de José Antonio Fortea, 'Entre el Cielo y la Tierra', de Vallejo Nájera y un sinfín de títulos más con los que comprobar que la película de Riedkin no era tan descabellada como en principio podía parecer.

Aunque la experiencia más fuerte y real que he vivido hasta la fecha me ocurrió el pasado verano en Medjugorje, un pequeño pueblo de Bosnia-Herzegovina donde desde hace más de 30 años se aparece la Virgen María. De entre los muchos fenómenos 'extraños' que se dan allí, uno de los más frecuentes es el de posesión demoniaca, mejor dicho, el de su manifestación más feroz. ¿Y por qué allí? Según los expertos que estudian lo que sucede en aquel lugar, uno de los dones que está concediendo la Virgen en sus apariciones es la de curar a personas con algún espíritu maligno dentro.

No quiero entrar en detalles sobre lo que opino de tales acontecimientos, pero sería un necio si negara lo que pude contemplar con mis propios ojos durante los 20 minutos más terribles de mi existencia. Y no fue otra cosa que el presenciar a pocos metros de distancia tres casos de presunta posesión, en tres jóvenes diferentes que se retorcían por el suelo, tenían los ojos en blanco, mostraban una fuerza descomunal y lo que más me impactó, sus alaridos y voces infrahumanas, imposibles de describir, mucho más reales e impactantes que los de Regan en pleno éxtasis al final de la película.

Recuerdo que cuando decidí que ya había visto suficiente, volví donde estaba mi novia con la cara desencajada, sudando y sin poder articular palabra durante varios minutos. Había visto películas, leído libros, escuchado testimonios (algunos de parientes muy cercanos) pero nada como contemplarlo in situ, no a modo de show, sí como un testimonio real de que el fenómeno está hoy más vivo que nunca. Y como se suele decir, la realidad supera siempre a la ficción. Fue sencillamente escalofriante, de tal manera que le rogué a Dios que durante el resto de días que habría de pasar en Medjugorje no me lo volviera a mostrar. Anteriormente le había suplicado poder presenciarlo.

Después de aquel viaje me armé de valor y decidí entrevistar a uno de los exorcistas más activos de España, el padre Juan José Gallego Salvadores, que terminó por convencerme de que el tema es muy real, pese a lo que algunos psiquiatras y sacerdotes digan. Por si queréis echarle un vistazo a la entrevista os dejo los links.

Entrevista 1ª parte:  http://pabloriojabarrocal.blogspot.com.es/2012/08/el-enemigo-del-diablo-parte-1.html

Entrevista 2ª parte: http://pabloriojabarrocal.blogspot.com.es/2012/09/el-enemigo-del-diablo-parte-2.html

Cartel del filme 'El Rito'. Imagen de Terra.com
De esa experiencia personal con los tres poseídos me llama la atención que ninguno de ellos contaba con más de 17 o 18 años. Esto se debe, como me comentó Gallego, a que hoy en día los jóvenes practican demasiada brujería, ocultismo, ouijas, etc, tomándoselo como un juego inofensivo, pero nada más lejos de la realidad. Lo mismo que Regan hace en el filme con la tabla de la ouija.

EPÍLOGO:

A raíz del éxito cosechado por 'El Exorcista' surgieron infinidad de películas relacionadas con el tema de las posesiones diabólicas, aunque desde mi punto de vista ninguna ha superado a la original, si acaso recomiendo 'El Rito', de Mikael Hàfstrom, que muestra lo que puede llegar a agotar física y psicológicamente la labor del exorcista, que en ocasiones necesita decenas de encuentros con el endemoniado para que Jesús le libere.

Gracias a la cinta de Friedkin, despertó en mí un interés, digamos que creciente, por toda esta temática. Sigo investigando, leyendo, aprendiendo y sobre todo, como ya dije, tratando de aportar mi granito de arena para que quien lo deseé pueda estar algo más informado.

Pero me atrevo a decir que: El demonio existe, que se dan casos de posesiones que ninguna ciencia puede tratar y sobre todo, que Dios está por encima del enemigo.


Enlace a la primera parte de este post

Enlace a la segunda parte de este post

pABLO rIOJA (3-4-2013)

lunes, 15 de abril de 2013

Mi primera experiencia con 'El Exorcista' (parte 2)

¿POR QUÉ MI INTERÉS POR EL DEMONIO? | LA FALTA DE FE DE ALGUNOS SACERDOTES

Linda Blair es Regan, la niña poseída de El Exorcista. Fuente de la imagen: laprimeraplana.com

Pablo Rioja | León

Pocos días después de publicar la primera parte de este post volvieron a echar en la televisión mi admirada película y, por supuesto, decidí que no estaría mal revisionarla, siempre se descubren cosas nuevas. Esta vez me detuve especialmente en la figura del padre Damien Karras y su absoluta falta de fe, un retrato sublime del sentir de no pocos sacerdotes hoy en día. Pero lo curioso es que esa falta de fe no se debe a los extraños fenómenos que sufre Regan (la niña poseída de 'El Exorcista') y de los que él mismo es testigo a lo largo del filme, su 'hastío espiritual', al contrario, tiene más que ver con el profundo escándalo que le produce el sufrimiento. Sufrimiento representado en la vejez de su madre, a la que termina por ingresar en un asilo porque no soporta contemplar su deterioro físico y mental. Hay una escena, para mí espectacular, en la que Karras está consagrando el cuerpo y la sangre de Cristo en una misa. Su cara refleja a la perfección esa falta de fe y su escándalo al saberse sacerdote y no ser capaz de creer que ahí, en ese instante de la misa, es Dios quien se entrega por cada hombre. Uno puede observar cómo, en ese momento de su vida, el celebrar la Eucaristía es sólo una rutina para él, parte de su trabajo, nada más.

Jason Miller es el padre Karras. Imagen de avancetv.com
Sin pretender 'spoilear' la película, resulta interesante ver cómo el demonio se sirve de esa falta de fe y de ese escándalo que le produce la enfermedad de su madre para atacarle durante el exorcismo. A Karras, como a cualquiera que contemple cara a cara a un endemoniado, le impresiona el aspecto de la niña, su voz infernal, pero lo que realmente le descoloca y le hace perder los papeles es la impresionante inteligencia del espíritu maligno que habita en la pequeña protagonista. Como el padre Juan José Gallego -exorcista oficial de la Diócesis de Barcelona- me dijo el día que lo entrevisté, al demonio no le gusta asustar a la gente, así no consigue su fin, prefiere tentar a sus víctimas desde la inteligencia, obligándolas a pasarlo todo por la razón. En el caso del padre Karras el demonio lo tiene fácil. Durante la película su madre finalmente muere y el diablo, mientras Karras realiza el exorcismo, le reprocha que la abandonó en vida y que por su culpa su alma está en el infierno.

Cuanto más profundizo en esta para mí obra de arte del cine, más entiendo que los sacerdotes exorcistas le estén tan agradecidos a su director por rescatar un caso basado en hechos reales y ponerlo ante los ojos de la sociedad. Es una película de terror sí, pero sobre todo es una inmensa catequesis sobre Dios y el demonio, no hay una sola escena que carezca de sentido.


¿POR QUÉ DIOS PERMITE LAS POSESIONES?

Expertos en demonología y exorcismos como Fortea o Gabrielle Amorth, entre otros, explican en sus ensayos que el plan único de Dios es que cada hombre alcance el cielo. Insisten en que los casos de posesiones son hechos extraordinarios y muy infrecuentes. Si Dios los permite es siempre para un fin mayor al perjuicio que pueden causar en las víctimas.

Me parece interesante recuperar esta pregunta de la entrevista que le realicé al padre Gallego:

-Qué ocurre con las personas poseídas una vez quedan liberadas?
-Su vida debe experimentar un cambio radical. Han de rezar, acudir a misa, acoger a Dios.  

Al fin y al cabo el exorcismo en sí no sirve de nada si la persona no lleva a cabo un acercamiento profundo a Dios.

Otro aspecto que me llama la atención de 'El Exorcista' es pensar en qué habrá hecho Regan, una niña de 11 años, para que el demonio se apodere de su ser con tanta violencia. De nuevo la película aclara mi duda. Es cierto que no se detiene a explicar la causa, pero lo deja caer en la escena en que la pequeña le enseña a su madre un nuevo juego. Juego que le permite comunicarse con su 'inofensivo amigo imaginario' de los primeros momentos del filme. Resulta que tal instrumento es nada más y nada menos que la tabla de la Ouija. ¿Cómo ha llegado a manos de la niña? Ese es uno de los grandes interrogantes que William Friedkin regala al espectador.

De nuevo recurro al padre Gallego:

-¿Pero el demonio puede entrar sin más en el cuerpo de un ser humano o hay que abrirle la puerta de alguna manera?
-La ouija, el espiritismo, las sectas satánicas, el tarot, la brujería, la santería, algunas fases del Yoga y sobre todo el Reiki -un tipo de meditación muy extendido en la actualidad- son la puerta de entrada directa a Satanás. Esto es serio, no es una broma, tengo infinidad de casos de adolescentes que han hecho la ouija por diversión o incredulidad y ahora oyen ruidos, ven cosas raras... no se trata de tenerle miedo al demonio, pero sí respeto. Quien lleva una vida ordenada, reza, cree en Dios y no se mete en este tipo de cosas no tiene porqué temer. Por encima de todo, incluso de Satán, está Dios. 

(CONTINUARÁ...)

Enlace a la primera parte de este post

Enlace a la tercera parte de este post 

pABLO rIOJA (1-4-2013)

jueves, 4 de abril de 2013

Paseando por Australia (parte 2)



Pablo Rioja | León

Enseguida me hicieron sentir uno más de ellos, respetando en todo momento mi espacio. Pronto descubrí que aquella gente no había recorrido medio mundo sólo para ver al Papa, ni mucho menos para hacer turismo. Tenían una misión concreta que acometer: Anunciar al mayor número de personas posible que Dios les amaba tal y como eran sin importarle las cosas malas de su vida. Para ello contaban con un plan bien diseñado, pero como ellos mismos señalaban, «sometido a la voluntad de Dios». Su rutina arrancaba a las ocho de la mañana, hora en la que abandonaban el campamento donde nos alojábamos, un conglomerado de pequeñas cabañas perdido en mitad del hermoso paraje de las Montañas Azules, a unas dos horas de Sydney, para dirigirse en autocar a cualquier pueblo o ciudad cercana y anunciar «La Buena Noticia».

Antes, rezaban la oración que la iglesia marca realizar por las mañanas, los laudes, donde los responsables del grupo, a los que los jóvenes llamaban «catequistas», y sobre todo los dos curas que les acompañaban, regalaban una predicación animándoles a saber que no estaban solos en su misión. Ataviados con guitarras, bongos, panderetas, un megáfono, la bandera de España y la de León, recorrían las calles y plazas cantando, bailando y gritando en inglés cosas como «Si alguno guarda mi palabra no gustará la muerte» o «Gracias a Yahveh, que nos condujo a la tierra prometida». Reconozco que no comprendía muchos de sus mensajes, pero asombrado advertí cómo los lugareños se paraban a escuchar con enorme respeto y atención lo que decían, como si hubiesen estado esperando toda una vida para conocer ese secreto. A los más despistados les abordaban de dos en dos. Pasadas varias horas regresaban al autobús con caras alegres para visitar, después de una jornada en la mies, los puntos más interesantes de la geografía australiana. Y así día tras día hasta el sábado 20 de julio, fecha en la que por fin se encontrarían con Benedicto XVI para celebrar la vigilia y posterior eucaristía.

Comienza la eucaristía
Terminé de montar la tienda de campaña que me protegería del frío durante la noche que los peregrinos que acuden a estas jornadas están habituados a pasar en la sede escogida por la Organización para acoger los actos con el Papa. Ríos y ríos de personas llegadas de todos los rincones del planeta iban ocupando el hipódromo en total armonía. Se acercaba el momento, el Santo Padre, tras saludar a los presentes desde su Papa móvil, comenzó los actos litúrgicos. Por fin iba a escuchar de su boca lo que hacía que esa masa etérea dejase sus países sin vacilar, mis preguntas iban a ser contestadas. De entre la cantida de palabras que les regaló recojo en este diario de a bordo las que me impactaron: «Jóvenes, qué dejaréis a la próxima generación, el Señor os está pidiendo que seáis profetas de esta nueva época. El Espíritu Santo también es el alma de la Iglesia, la luz que ilumina nuestros ojos para ver las maravillas que Dios hace en nosotros. Una nueva generación de cristianos está llamada a construir un mundo en el que la vida sea acogida y respetada, no destruida. Hay más alegría en dar que en recibir, no dudéis de las promesas de Dios. Jesús ama especialmente a los que se han equivocado porque al darse cuenta de su error, se abren más a su mensaje de salvación. Muchos jóvenes no tienen esperanza. ¿Dónde hallaremos respuestas?, en Jesucristo».

Grupo de leoneses en el hipódromo de Sidney
Mientras escribo estas líneas recuerdo con nostalgia a aquel grupo, sin quererlo se cruzaron en mi camino y sin saberlo, cada uno de sus actos, eucaristías, homilías, peticiones, experiencias… era la respuesta viva que fui buscando a Australia. Las palabras del Papa no estaban muertas, imagino que al igual que estos 46 leoneses, el resto de los asistentes también las pondrá en práctica, siendo luz en un mundo de tinieblas.

pABLO rIOJA (Publicado en Diario de León en Agosto de 2008) 

lunes, 1 de abril de 2013

Paseando por Australia (parte 1)


Vista panorámica de Sidney. Foto J. Malver


 Pablo Rioja | León


Decidí entrar en la tienda en busca de mi anorak, el invierno austral, cual bandido en la noche, te sorprende por la espalda sin previo aviso y en cuestión de segundos, ha sometido todo tu ser. El viento inició una batalla infernal con banderas de medio mundo que, desprotegidas de los últimos rayos de sol, lejos ya de representar a los diversos pueblos de la tierra, comenzaron a ondear más fuerte de lo normal, nerviosas, expectantes,
Vista de la Bahía de Sidney. Foto J. Malver
anunciando que algo importante estaba a punto de suceder. Aquel presbítero de ojos potentes, camisa negra y alma de guerrero no había mentido; «os tomaré de entre las naciones, os reuniré de todos los pueblos…», reflexionaba en una de esas intensas predicaciones que en medio del autocar regalaba diariamente a aquellos jóvenes. Cerca de medio millón de personas se agolpaba en el improvisado hotel cinco estrellas Hipódromo de Randwick, lenguas, rasgos y vidas diferentes, pero un mismo espíritu, precisamente unidas en la Tierra Austral del Espíritu Santo, esperando a que el Santo Padre, Benedicto XVI, inaugurase la Vigésimo Tercera Jornada Mundial de la Juventud. Aunque para mí, todo había comenzado mucho antes...

Mi director había tenido a bien concederme quince días para visitar Australia y seguir así los pasos del Vicario de Cristo por la tierra de los canguros y los koalas. Mi objetivo estaba claro: Trataría de resolver un enigma que rondaba en mi cabeza desde que Lorenzo, estimado amigo italiano, me relató el encuentro de jóvenes con el Papa en Colonia (Alemania) hacía justo tres años; qué mueve a tanta gente a dejar casa, parentela, trabajo y un abismo de más de 3.000 euros para escuchar, con tanto entusiasmo, lo que un anciano cargado de misterio tenía que decir de parte de Dios. Así que preparé un viaje con billete de ida y vuelta y poco más, confi ado en que mi aventura iría surgiendo capítulo a capítulo, sin proyectarme más allá.

Antes de haberme mentalizado para vivir un invierno en pleno julio, de que el agua del lavabo correría hacia el lado contrario de lo habitual y que me esperaban más de treinta horas de avión hasta cruzar al hemisferio sur, me vi recogiendo la tarjeta de embarque de un vuelo que haría escala en Londres, Singapur para arribar finalmente en Sydney. Hasta ese momento no sabía muy bien si echarme atrás, pero dos chicos que se hacían llamar Topper y Muchy terminaron por convencerme. Portaban dos banderas, una de España
y cómo; ¿La bandera de León?. En efecto, el destino quiso que un grupo de 46 jóvenes de mi amada tierra se cruzara en mi camino en plena T-4 de Madrid, sí, asistían al encuentro de la juventud con el Papa y sí, mi billete marcaba rumbo a Australia, pero el viaje iba a dar un vuelco inesperado. Cuaderno en mano me senté a charlar con ellos, pertenecían a la parroquia del Mercado y más concretamente al Camino Neocatecumenal, un itinerario de iniciación cristiana con gran arraigo en múltiples países del mundo, amado por Joseph Ratzinger y gran parte de la Iglesia Católica y cuyos estatutos se acaban de aprobar. No tardé en coger confianza con esos jóvenes, quizá ellos fueran la respuesta a mis dudas,
así que me apresuré a hablar con los responsables del grupo, un matrimonio, dos sacerdotes y un hombre, para preguntarles si les importaba que les siguiera de cerca durante su estancia en Australia. Aceptaron.

Leoneses en la Opera House de Sidney
Sydney nos recibió nublado, con una fuerte sensación de humedad y apenas doce grados de temperatura. Lo primero que uno percibe de ese recién nacido país, al menos para la historia escrita, es su aire puro, limpio, gracias, entre otras cosas, a sus miles de kilómetros de bosques cerrados. Australia presenta un territorio de contrastes, donde puedes encontrar zonas desérticas, tropicales o zonas de clima templado, así como una
fauna y flora endémica.

Son numerosas las especies autóctonas que se reparten por todo el país con el único peligro de la acción humana, es por ello que en Australia se han protegido varias de ellas en las últimas épocas, con la creación de distintos planes para la protección
Estrado de la JMJ 2008
de las zonas y de las especies protegidas, humedales así como las selvas que pueblan la naturaleza a lo largo y ancho de sus seis estados y regiones insulares. La mayor parte de la vida, tanto animal como humana, tiene lugar en las costas. Todo está creado a granescala gracias a su enorme extensión y a que se han preocupado por importar las mejores técnicas de construcción de los países más desarrollados. Así, uno se encuentra con autopistas de tres y cuatro carriles que recorren el país de norte a sur, de este a oeste. Canberra es la capital, pero son Sydney y Melbourne las que se llevan casi todo el protagonismo.

Jóvenes y cristianos
Mis paisanos e improvisados compañeros de viaje formaban un conjunto extraño en su concepción. Había adolescentes de entre 13 y 16 años, jóvenes, matrimonios, solteros, una curiosa representación de lo que días más tarde encontraría en aquel hipódromo. Otra e las grandes sorpresas que marcaría mi viaje fue descubrir que aún existen jóvenes que se confiesan cristianos, católicos, pero al contrario de lo que yo creía, no eran «bichos raros» con los cerebros bien adoctrinados. Esos chicos y chicas sabían divertirse,
cantaban, bailaban, reían y lloraban como los demás, se confesaban pecadores reconociendo sus errores y todo gracias a un secreto escondido en sus corazones, tesoro preciado que habían decidido compartir con los australianos y el resto del mundo.


pABLO rIOJA (3-8-2008)